
Parecía que tenía todo claro pero en realidad era un mar de
dudas. Nunca nadie le había dicho que tendría que luchar tanto para conseguir
aquello que anhelaba. Pasaba las horas soñando con historias que jamás
sucederían mientras la rutina se apoderaba de su día a día. El tiempo
transcurría tan rápido que le daba miedo no arriesgar pero al mismo tiempo se
acobardaba cuando llegaba la hora de hacerlo. Era un sí y un no constante. Pura
indecisión. Le gustaba esconderse tras una máscara. Se sentía más fuerte. Pocas
veces mostraba su lado más tierno. Era fría, muy fría. Pero no siempre había
sido así. Una vez, hace mucho tiempo, se había quitado la máscara. Pero no
sirviera nada más que para volverla débil. Y eso lo odiaba, odiaba ser frágil. No es que fuese más feliz cubriendo su corazón
con una coraza pero tampoco sería desdichada como antaño. Había derramado tantas
lágrimas que tenía los ojos secos. A menudo le decían que era borde, fría y
calculadora. Tal vez sí. O al menos, era así como se mostraba. Su sonrisa
escondía todo lo que realmente sentía. Se le daba demasiado bien maquillar las
penas. Pero no siempre podía contener sus sentimientos. Era entonces cuando se escondía
del mundo y se ponía a escribir palabras vacías en un pergamino roto.