jueves, 6 de diciembre de 2012

Historia de una vida.

Este cuento no se sale de lo común. Tal vez existan miles de historias parecidas o incluso idénticas ya que en esta vida cruel las desdichas forman parte del día a día de esta sociedad. Pero acaso esto no lo hace especial? No se trata de un cuento de hadas, no hay príncipes azules ni princesas encerradas. Ni siquiera tiene un final feliz. Lo que  hace especial a esta historia es lo real que es.



Ella era una muchacha cualquiera en un pueblo marinero cualquiera. A menudo le decían que era hija del mar.  Soñaba al igual que cualquier muchachita de su edad, con encontrar a su príncipe azul. Su vida no era fácil y se pasaba los días trabajando. No eran tiempos para estudiar y nunca llegaría a ser una gran intelectual. Pero eso a ella no le importaba lo más mínimo. Se conformaba con llegar a tener una familia feliz ya que era así como le habían inculcado que debía ser su futuro. Sus aspiraciones parecían tan simples de conseguir que nunca imaginó que se tornarían en su peor pesadilla. Ella estaba enamorada y feliz desde hacía un tiempo. Confió ciegamente en quien no debía hacerlo y ciegamente entrego su alma por completo. Campanadas de boda sonaban a lo lejos en este pequeño pueblo y en el interior de la muchacha crecía algo más que un simple sueño. Todo parecía perfecto. Hasta que un buen día todo se volvió negro. Él era demasiado cobarde para asumir tal responsabilidad. Huir le pareció la mejor manera de progresar. Ella con lágrimas en los ojos vio cómo su vida se llenaba de infelicidad. Nunca un adiós le había dolido tanto. Sabía que la vida solo sería llanto. Sus ojos grises se habían tornado rojos y su corazón guardó bajo cerrojo. Ahora tendría que enfrentarse al mundo entero arrastrando consigo un triste recuerdo. Pasaron los  meses. El día había llegado. Niña rubia de ojos azul claro. Sería llamada con nombre de ángel. Ahora era una mamá soltera para la sociedad entera. Fingía que no le importaban los comentarios malintencionados y se encerraba en su mundo imaginario. Pero un día otro apareció que con falsas palabrerías la conquistó. Sabía que no debía dejarse llevar, sabía que la vida era muy puta y que él no la quería de verdad. Pero quiso pensar lo contrario y se dejó arrastrar por el camino equivocado. Él no era hombre de una sola mujer. Otro error, el mismo error. Acaso nunca aprendería? Entonces no lloró, tan solo se reprochó el haber confiado en las personas equivocadas. La misma sensación recorría su cuerpo. No sabía cómo esconder de nuevo el arrepentimiento. El tiempo la delató. La noche más larga del año su cara descubrió. Niño de ojos grandes demasiado oscuros y pelo negro como el carbón. Su nombre sería fruto de la tradición. Pasó el tiempo y un mal día vio regresar a su primer amor con la intención de arrebatarle a aquel ángel que ella sola cuidó. Pero ahora ya sabía decir que no.  Pasaron los años y muchos otros palos soportó. Fue difícil cuando sus pequeños maduraron y toda la verdad destaparon, fue difícil aguantar las tonterías de un mal hermano, fue difícil envejecer y ver el cáncer extenderse por su piel. Fue difícil vivir. Pero ella vivió y soñó. Tal vez en muchas ocasiones erro pero también en muchas ocasiones ayudo. Dos generaciones crió y una tercera conoció.


El final de este cuento es demasiado amargo para contarlo. Tal vez la suerte nunca fue su mejor aliado. Pero su recuerdo permanecerá mientras existan personas que la quieran de verdad. 




sábado, 24 de noviembre de 2012

Ella.




Parecía que tenía todo claro pero en realidad era un mar de dudas. Nunca nadie le había dicho que tendría que luchar tanto para conseguir aquello que anhelaba. Pasaba las horas soñando con historias que jamás sucederían mientras la rutina se apoderaba de su día a día. El tiempo transcurría tan rápido que le daba miedo no arriesgar pero al mismo tiempo se acobardaba cuando llegaba la hora de hacerlo. Era un sí y un no constante. Pura indecisión. Le gustaba esconderse tras una máscara. Se sentía más fuerte. Pocas veces mostraba su lado más tierno. Era fría, muy fría. Pero no siempre había sido así. Una vez, hace mucho tiempo, se había quitado la máscara. Pero no sirviera nada más que para volverla débil. Y eso lo odiaba, odiaba ser frágil.  No es que fuese más feliz cubriendo su corazón con una coraza pero tampoco sería  desdichada como antaño. Había derramado tantas lágrimas que tenía los ojos secos. A menudo le decían que era borde, fría y calculadora. Tal vez sí. O al menos, era así como se mostraba. Su sonrisa escondía todo lo que realmente sentía. Se le daba demasiado bien maquillar las penas. Pero no siempre podía contener sus sentimientos. Era entonces cuando se escondía del mundo y se ponía a escribir palabras vacías en un pergamino roto.