Historia de una vida.
Este cuento no se sale de lo común. Tal vez existan miles de historias parecidas o incluso idénticas ya que en esta vida cruel las desdichas forman parte del día a día de esta sociedad. Pero acaso esto no lo hace especial? No se trata de un cuento de hadas, no hay príncipes azules ni princesas encerradas. Ni siquiera tiene un final feliz. Lo que hace especial a esta historia es lo real que es.
Ella era una muchacha cualquiera en un pueblo marinero
cualquiera. A menudo le decían que era hija del mar. Soñaba al igual que cualquier muchachita de su
edad, con encontrar a su príncipe azul. Su vida no era fácil y se pasaba los
días trabajando. No eran tiempos para estudiar y nunca llegaría a ser una gran
intelectual. Pero eso a ella no le importaba lo más mínimo. Se conformaba con
llegar a tener una familia feliz ya que era así como le habían inculcado que
debía ser su futuro. Sus aspiraciones parecían tan simples de conseguir que
nunca imaginó que se tornarían en su peor pesadilla. Ella estaba enamorada y
feliz desde hacía un tiempo. Confió ciegamente en quien no debía hacerlo y
ciegamente entrego su alma por completo. Campanadas de boda sonaban a lo lejos
en este pequeño pueblo y en el interior de la muchacha crecía algo más que un
simple sueño. Todo parecía perfecto. Hasta que un buen día todo se volvió
negro. Él era demasiado cobarde para asumir tal responsabilidad. Huir le
pareció la mejor manera de progresar. Ella con lágrimas en los ojos vio cómo su
vida se llenaba de infelicidad. Nunca un adiós le había dolido tanto. Sabía que
la vida solo sería llanto. Sus ojos grises se habían tornado rojos y su corazón
guardó bajo cerrojo. Ahora tendría que enfrentarse al mundo entero arrastrando
consigo un triste recuerdo. Pasaron los meses. El día había llegado. Niña rubia de
ojos azul claro. Sería llamada con nombre de ángel. Ahora era una mamá soltera
para la sociedad entera. Fingía que no le importaban los comentarios
malintencionados y se encerraba en su mundo imaginario. Pero un día otro apareció
que con falsas palabrerías la conquistó. Sabía que no debía dejarse llevar, sabía
que la vida era muy puta y que él no la quería de verdad. Pero quiso pensar lo
contrario y se dejó arrastrar por el camino equivocado. Él no era hombre de una
sola mujer. Otro error, el mismo error. Acaso nunca aprendería? Entonces no
lloró, tan solo se reprochó el haber confiado en las personas equivocadas. La
misma sensación recorría su cuerpo. No sabía cómo esconder de nuevo el arrepentimiento.
El tiempo la delató. La noche más larga del año su cara descubrió. Niño de ojos
grandes demasiado oscuros y pelo negro como el carbón. Su nombre sería fruto de
la tradición. Pasó el tiempo y un mal día vio regresar a su primer amor con la
intención de arrebatarle a aquel ángel que ella sola cuidó. Pero ahora ya sabía
decir que no. Pasaron los años y muchos
otros palos soportó. Fue difícil cuando sus pequeños maduraron y toda la verdad
destaparon, fue difícil aguantar las tonterías de un mal hermano, fue difícil envejecer
y ver el cáncer extenderse por su piel. Fue difícil vivir. Pero ella vivió y soñó.
Tal vez en muchas ocasiones erro pero también en muchas ocasiones ayudo. Dos
generaciones crió y una tercera conoció.
